Nou Horitzó nació hace más de diez años para atender las necesidades de los enfermos de Sida que morían en el hospital o en la calle, en situación de desamparo. Desde entonces hasta ahora el futuro de los enfermos de Sida ha cambiado radicalmente. La eficacia de los medicamentos para combatir esta enfermedad ha aumentado, gracias a la investigación de medicina y laboratorios farmacéuticos. Así lo que antes era una enfermedad mortal ahora se ha convertido en una enfermedad crónica que permite llevar una vida dentro de la normalidad en la mayoría de los casos.
El proyecto Nou Horitzo ha ido evolucionando al mismo tiempo que la forma de afrontar el Sida en la sociedad, hasta convertirse en lo que actualmente es, un equipo de personas de buena voluntad, voluntarias y profesionales, respaldadas por las Hermanas de la Caridad, que han intentado poner a disposición de las personas enfermas de Sida y que provienen del mundo de la marginación (la mayoría drogodependientes) los medios necesarios para empezar una mejor forma de vivir.
Desde sus inicios, Nou Horitzo se ha sostenido con la aportación económica de entidades públicas, privadas y donativos de particulares, junto con la colaboración simbólica de algunos residentes. Pero sobretodo, lo que ha permitido su continuidad año tras año, ha sido el respaldo humano y económico de la congregación de Hermanas de la Caridad, salvaguardando el espíritu de asistir y educar a las personas que durante este periodo han pasado por la casa, ofreciéndoles un trato respetuoso y cercano, a la vez que, exigente con el respeto a la propia dignidad. El año 2006 el Govern Balear a través del Institut, se hizo cargo de la atención de estas personas usuarias del proyecto y firmó un convenio de colaboración para su atención con el Proyecto Hombre, por lo que Nou Horitzó quedó sin poder acceder a esta prestación de servicio. A finales del 2007 dimos por finalizado la etapa por la que se había iniciado el proyecto Nou Horitzo.
Para dar respuesta a una nueva realidad de la marginación, y obtener los fondos necesarios para continuar la actividad de Nou Horitzo durante el año 2008, en febrero firmamos un convenio de colaboración con los servicios sociales del Ayuntamiento de Palma. Este convenio pretende cubrir el 100% de los gastos que origina el mantenimiento de doce plazas residenciales dedicadas a la acogida, rehabilitación y reinserción de personas que por cualquier razón se hallan en proceso de exclusión social, sin suficientes medios económicos, familiares y sociales para afrontar de una manera digna su reinserción laboral o la derivación a una residencia. Este convenio podrá ser renovado a finales de diciembre, evidentemente si hay un nuevo acuerdo por ambas partes; pero en caso de no darse esta circunstancia el Ayuntamiento se verá en la obligación de realojar en otro lugar a los residentes que en ese momento permanecieran en la casa.
La casa de acogida, propiedad de la Congregación, ha obtenido las pertinentes licencias tanto del Consell, como del propio Ayuntamiento para acoger doce personas, ocho en habitaciones individuales y cuatro en habitaciones dobles. Nou Horitzó es ahora, a todos los efectos una residencia de acogida temporal, y ha de servir para atender las necesidades y promover la integración de las personas escogidas por el erver d’Acollida i Promoció Sociolaboral ubicado, hasta hace poco, en el antiguo convento de Can Pere Antoni.
En la actualidad, la mayoría de las personas que residen en la casa, tanto mujeres como hombres, gozan de autonomía personal y forman un variado y complejo grupo, de edades comprendidas entre los treinta y cinco y ochenta y cuatro años. En este sentido se presenta un nuevo reto para el equipo de personas que colaboramos en su acogida y reincorporación social. Anhelamos que la casa de las Hermanas continúe siendo un lugar acogedor, familiar, donde predomina el clima de respeto, superación y esfuerzo personal. Donde es posible desarrollar la sensibilidad y promover la fraternidad. Donde cada persona puede sentirse como en su casa. Sí, eso es lo que pretendemos, continuar trabajando incansablemente, ajenos al desaliento, formándonos y superándonos, eso es un mínimo que se puede exigir. Sin un trabajo bien hecho no hat futuro.
Hacer posible que cada persona que llega a la casa descubra poco a poco sus propias capacidades y vaya aceptando sus limitaciones para de esta manera dignificar su vida, es la tarea que se han impuesto las Hermanas de la Caridad implicadas en este proyecto. Ellas, pacientes e inquietas, insobornables en la constante dedicación a la tarea de que cada persona acogida pueda poner en acción lo mejor que hay en ella misma como ser humano, hacen posible que uno encuentre, escondidas discretamente en el reverso de un cuadro de la sala de televisión, estas palabras escritas a hurtadillas por un antiguo residente de la casa: